domingo, 11 de octubre de 2015

Linea De Tiempo Pequeño Teatro

Una cafetería en Barranquilla fue el punto de partida de la carrera teatral de Rodrigo Saldarriaga, el fundador del Pequeño Teatro de Medellín y representante electo a la Cámara por Antioquia, que falleció el pasado domingo.
Con apenas 23 años, Saldarriaga se reunió con su amigo Eduardo Cárdenas en la cafetería 11 de noviembre. “Edu, ¿qué estamos haciendo en Barranquilla? A nosotros nos requiere Medellín”, fue la frase con la que le anticipó su deseo de fundar un grupo de teatro profesional en la capital paisa.
“Uno a los 23 no tiene esos propósitos. Lo primero que uno piensa es si se mete en un grupo de teatro y listo, pero no echarse ese piano encima de crear una institución teatral en una ciudad que no tenía tradición de eso”, dice Cárdenas, que acompañó a Saldarriaga desde ese momento y ahora es el director general del Pequeño Teatro.
Así fue como en 1975 nació este grupo, que funciona en una casa de estilo republicano, con dos salas y una escuela de artes escénicas.
El primer objetivo de Saldarriaga fue crear una cultura de consumo teatral en la ciudad. “Fue el primero en Medellín que generó, sin importarle cómo, una temporada permanente de funciones semanales para que el público tuviera el hábito de ir siempre al teatro”, apunta Wilson García, productor y director teatral.
Con su frondosa barba blanca y su carácter imaginativo, Saldarriaga generaba la imagen de un gran pensador clásico. “En apariencia física cualquier filósofo griego se quedaba atrás. En el espíritu era un antioqueño divertido que se mofaba de lo absurdo”, añade García.
El Pequeño Teatro fue uno de los primeros en el país que montó grandes clásicos de la dramaturgia, siguiendo la misma línea del Teatro Libre de Bogotá. “Éramos grupos hermanos”, afirma Jorge Plata, uno de los fundadores del grupo bogotano.
Ese amor por los clásicos nació en un viaje que Saldarriaga realizó a Europa junto a Plata y otros miembros del Libre, como el director Ricardo Camacho. Allí trabajó junto a realizadores como el polaco JerzyGrotowski y el italiano Eugenio Barba.
“Rodrigo trajo entre ceja y ceja la idea de un montar un Shakespeare aquí en Colombia”, recuerda Cárdenas.
En 1979, el grupo estrenó su versión de Macbeth, una de las grandes obras de Shakespeare. Además de presentarse en Medellín, la pieza hizo una gira de tres meses que llegó hasta Riohacha. “Las funciones a veces se tenían que hacer al aire libre. En un colegio en Santa Marta, presentamos el espectáculo en una cancha de baloncesto”, apunta Cárdenas.
Ese tipo de teatro fue otra de las marcas de Saldarriaga, como recuerda Farley Velásquez, director del grupo Hora 25:
“Él fue uno de mis grandes inspiradores para que yo buscara el repertorio clásico. Nos abrió esa posibilidad de que podíamos hacer esas obras en Medellín”, asegura.
Claro que también hubo aportes controversiales, como el que sucedió en 2002, cuando el Pequeño Teatro decidió eliminar la venta de boletas e instauró el sistema de entrada libre con aporte voluntario. “Nos dijo: ‘No vamos a vender una entrada más en la vida. Después de que la gente vea la obra le echamos el cuento para que den el aporte voluntario... Es una democratización del acceso al teatro”, rememora Cárdenas, quien añade que la fórmula ha generado la oposición de otros grupos.
Actualmente, el Pequeño Teatro goza de buena vida, incluso su fundador decidió meterse en la política.
Hace más de un mes Saldarriaga había anticipado que el cáncer de pulmón que lo afectaba era terminal. “Lo que se hizo fue reemplazarlo por una junta directiva. Lo que él pensaba solo lo podemos pensar bien entre cuatro o cinco personas”, dice Cárdenas.

Ahora, el objetivo más próximo es encontrar el guayacán amarillo bajo el que Saldarriaga pidió ser sepultado.


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